¿Qué nos pasa? “Los “violentos” que somos normales.

Lo que leerás a continuación me sucedió en la noche del sábado, durante toda la visita al mall “Unicenter” estuve “masticando” éste post, durante toda la noche, pues me sorprendió la seguidilla de situaciones “violentas” que mi carácter tuvo que asimilar sin perder la compostura.

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Hace un par de horas fui con mi familia a un shopping centre (Mall) en Buenos Aires, en el acceso de vehículos un auto me encerró en medio de la curva, le toqué bocina, y como ésto último parece haberle ofendido tremendamente comenzó a encerrarme con su autito y aparentemente gritarme en insultarme por la ventanilla. Obviamente yo ni la baje, pues ante ésta situación, cualquier discusión con éste ser violento la he ganado de antemano, pero la perdería al entrar en contacto con éste desequilibrado. Ni hablar de que dentro de mi auto estaba mi hija y mi esposa.

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No puedo dejar de reconocer que esta situación me dejó un poco estresado y con cierta violencia a flor de piel, pero aún mantenía la compostura.

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La razón por la que estaba en el shopping era para cambiar unos regalos que había recibido, ya en la caja del local, esperando que me atiendan en un largo mostrador con 3 cajeros, el que se encontraba delante mío pregunta: ¿Quién sigue? Como yo estaba justo delante de él, y creía que era yo el que “seguía” Lo saludo, inmediatamente una persona que estaba al lado mío también sobre el mostrador pero a un metro, casi delante del otro cajero que también estaba atendiendo le dice que estaba él primero, yo sin dudarlo, le pido caballerosamente disculpas, diciendole que pensé que él estaba frente al otro cajero por otra cosa, Acto seguido, éste pichón de “Tony Soprano” me mira con un desprecio casi teatral, de arriba abajo y sin decirme ni una palabra en respuesta, se pone a hablar con el cajero.

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Mi salida de sábado a la noche ya está levemente oliendo rancio, pero aún mi buen humor, mantiene a raya a mi Dr. Jeckhill interno.

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Cuando vuelvo al auto a dejar las bolsas de las compras, me encuentro con una mamá con un carrito de bebé tratando de pasar una puerta, acelero el paso para poder ayudarla sosteniéndole la puerta por que se la veía muy complicada intentando hacerlo sola. Sostengo la puerta y le digo: “yo te ayudo” Ella pasó al lado mío, miró para otro lado, y ni las gracias me dió.

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A ésta altura, hasta dudé ya si tenía, feo olor, apariencia desagradable o mal aliento, pero no, nada fuera de lo común en mi.

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Saliendo ya del shopping con un gusto amargo, y ya ingresando a la autopista, el automóvil que subía la rampa de acceso a ésta que se encontraba delante mío venía francamente despacio, pero en cambio el que venía detrás mío, por lo visto venía con una parturienta dentro, pués no paraba de hacernos luces tocarnos bocina, e intentar meterse entre el carril la banquina y el “guardrail” poniendo en riesgo la integridad de todos, por los 15 a 20 segundos que demoraría en ingresar a la autopista y poder pasarnos correctamente por el carril de la izquierda.

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Mas violencia, a ésta altura yo ya estaba en vez de perder mis casillas, redactando mentalmente éste post.

Cuando llego a mi casa, prendo mi computadora y veo éste twitt de un amigo muy querido:

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Si, mientras yo estaba “viviendo” la violencia diaria de nuestra sociedad, la violencia de los calmos, de los que “somos normales” mi amigo estaba tomando un trago de la otra violencia, la que según algunos, tampoco existe o es una “sensación”.

Y la pregunta es ¿Qué nos pasó? Somos violentos en la forma de relacionarnos, de manejarnos como transeúntes o conductores, somos violentos cuando protestamos y cuando ejercemos el poder como funcionarios, somos violentos para mirar, y hasta para preguntar.

Somos todos tan violentos, y lo tenemos tan incorporado que cuando somos objeto pasivo de un acto de éstas características, nos reconfortamos diciendo: “Nos pasó nada…”

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Y ésto es casi lo peor que nos podría pasar, pensar que “no nos pasó nada”.

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One thought on “¿Qué nos pasa? “Los “violentos” que somos normales.

  1. Existen muchos factores para despertar la violencia. En un marco donde se tolera la corrupción, se tienen como ídolo a los “vivos” y siempre se aplaude al ventajero, esa violencia no podría estar ausente. Pensá la violencia psicológica (y física) que debe recibir un chico o una persona pobre o humilde por su aspecto, su vestimenta, la imposibilidad de ingresar a determinados lugares o ser sacado discriminatoriamente. Sin darnos cuenta ejercemos violencia permanentemente con mucha gente, y esa violencia contenida cada tanto explota.

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